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MALOS HUMOS

Alfonso 23 de octubre de 2015 Editorial Comentarios desactivados
MALOS HUMOS

Andan a vueltas en Madrid con la calidad del aire que respiran, aunque parece que no terminan de sacar nada en limpio.

El caso es que la última variación en el protocolo de restricción de tráfico para disminuir los índices de contaminación en la capital, ha dado con un nuevo chivo expiatorio. La moto.

No entraremos en una guerra de cifras sobre las emisiones del pérfido óxido nitroso o del no menos malvado dióxido de carbono ya que, como en el caso de las estadísticas, cada cual las maneja a su antojo. No. Simplemente apelaremos al sentido común y la tan menospreciada lógica.

Una moto o en su defecto un scooter, es un vehículo de reducidas dimensiones que en la mayoría de casos ocupa una tercera parte (incluso una cuarta) del espacio invadido normalmente por un automóvil. Es pequeña. Y por lo tanto ágil y ligera.

En consecuencia goza de una tremenda virtud, resulta sumamente escurridiza entre la masa de enlatados que cada día queda incrustada sobre el asfalto urbanita, dando forma al monumental atasco con el que una buena parte de ciudadanos se desayuna.

Sólo ella es capaz de escapar a esa telaraña tejida por los enlatados.

La consecuencia es que gana en movilidad frente a la estática resignación de las cuatro ruedas, permanece mucho menos tiempo en circulación de manera que su mecánica escupe por mucho menos tiempo los temidos gases contaminantes.

En definitiva, la moto es el desengrasante arterial que evita el trombo definitivo que lleve a la gran urbe a colapsar por ictus fulminante. Es una dosis del remedio, ni mucho menos una parte de la enfermedad.

Por otra parte las dos ruedas siguen siendo víctima de esa costumbre tan propia de la autoridad que consiste simplemente en prohibir.

Prohibir la circulación de un vehículo contaminante. Listo. Se acabó el problema.

Ya se sabe, muerto el perro…; sin embargo ni todos los perros son de presa ni los que manejan los hilos son precisamente titiriteros.

Alguien debería revisar cómo se han obtenido los datos de emisiones de las motocicletas, la antigüedad de la muestra, cómo y con quién se ha comparado… porque mucho me temo que quien lo haya hecho se pillado los dedos y ha pecado de escaso rigor.

Señores mandamases del cabildo madrileño, asegúrense de que los datos que manejan con tanta frivolidad no apunten en dirección equivocada o mucho me temo que acabarán por  liquidar lo que en realidad podría ser pieza clave de la solución.

No es fácil gestionar algo tan importante como la calidad del aire en una urbe del calibre de Madrid, seguro. Aún así no estaría de más que respirasen hondo y recapitulasen sobre determinadas decisiones. Los malos humos no llevan a ninguna parte.

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